¡Por fin!, ¡Vacaciones! Mi amigo Alberto y yo ,habíamos hecho grandes planes para el verano.
Pretendíamos ir a la playa, o a la montaña.
Nosotros como somos muy pueblerinos decidimos ir a la montaña.
Partimos el lunes por la mañana desde su casa, puEs está más cerca del monte. Al llegar al monte, montamos las tiendas de campaña y colocamos la comida sobre la manta del picnic. Llegó la hora de comer y sacamos nuestros deliciosos bocadillos de jamón y los devoramos ferozmente.
Por la tarde exploramos la zona provistos de nuestros garrotes, por si los lobos……….Encontramos dos serpientes e hicimos que se pelearan entre sí.
Al caer la noche nos tomamos nuestros bocadillos, oímos aullidos de lobos en las cercanías. ¡No! ¡Habíamos olvidado encender la hoguera para ahuyentar a los lobos! ¡Estábamos perdidos nada nos podía salvar! Vimos unas sombras entre los árboles, eran los lobos, se fueron acercando hacia nosotros acorralándonos. Pero una sombra apareció de la penumbra y embistió a los lobos uno a uno.
No nos dio tiempo a ver nada. Por fin nos atrevimos a abrir los ojos, ante nosotros se posaba un macho cabrío de dos metros de altura aproximadamente comiéndose nuestros bocadillos, bueno, o lo que quedaba de ellos y desapareció. Fuimos corriendo y llorando a casa, pero siempre recordaremos a aquel héroe sobre cuatro patas que nos había salvado la vida.
RAÚL MONSERRATE. 1º ESO B.
BLOG DEL DEPARTAMENTO DE LENGUA CASTELLANA Y LITERATURA DEL IES BAJO ARAGÓN (ALCAÑIZ)
UN BLOG PARA PENSAR, CREAR Y APRENDER
martes, 20 de enero de 2009
MI YAYO JOSÉ
Mi abuelo materno es un hombre alto y delgado, pero sano como una manzana colorada, en marzo cumplirá 88 años, que no son los de una persona precisamente joven. Tiene el pelo blanco como la nieve y una cara muy finita poblada por arrugas. Sus ojos son azules. Es muy tranquilo aunque un poco gruñón (como todos los “yayos”, ¿no?). No habla mucho aunque, si quiere, también participa en las conversaciones. También come y duerme mucho.
Le gusta jugar a las cartas y leer, pero de vez en cuando va a buscar agua a la fuente y hace cortos paseos. Siempre que va a algún sitio le siguen nuestros cuatro gatos, y les llama (no de nombre) de una forma muy graciosa: “¡Mish, mish!”
Mi abuelo vivió durante la guerra y la dictadura, se quedó viudo con 64 años. Tiene dos hijos: Pascual y Antonio; y una hija, (que es mi madre): Mª Ángeles. Y también tiene 7 nietos, de los cuales cuatro son chicas y tres son chicos. Su madre se llamaba Pascuala y su padre Juan, es hijo único.
Desde que mi abuela no está, vive con nosotros.
Yo le quiero mucho y en mi opinión es muy buena persona, es que es…:
O S É
J
M O
I Y
Y A
Le gusta jugar a las cartas y leer, pero de vez en cuando va a buscar agua a la fuente y hace cortos paseos. Siempre que va a algún sitio le siguen nuestros cuatro gatos, y les llama (no de nombre) de una forma muy graciosa: “¡Mish, mish!”
Mi abuelo vivió durante la guerra y la dictadura, se quedó viudo con 64 años. Tiene dos hijos: Pascual y Antonio; y una hija, (que es mi madre): Mª Ángeles. Y también tiene 7 nietos, de los cuales cuatro son chicas y tres son chicos. Su madre se llamaba Pascuala y su padre Juan, es hijo único.
Desde que mi abuela no está, vive con nosotros.
Yo le quiero mucho y en mi opinión es muy buena persona, es que es…:
O S É
J
M O
I Y
Y A
ROSA CARMEN BONO. 1º ESO B.
lunes, 19 de enero de 2009
PECES DE COLORES
Me levanté temprano porque íbamos a hacer snorkelling, como allí llamaban al buceo., Fuimos al final de una de las únicas calles de aquel pueblo. Nos reunimos con otros turistas que también iban a bucear. Nos montamos en la barca y tuvimos que rodear todo el arrecife para no causarle daño. Allí al borde del arrecife para bucear, mi padre fue el más atrevido y se metió en el agua enseguida. Mi hermano y yo nos quedábamos boquiabiertos con lo que él nos contaba. No pudimos más y aún pensando en que había tiburones por allí (aunque solo fueran tiburones nodriza), nos metimos en el agua. Fue una de las impresiones más grandes de mi vida, cuando vi. Tal cantidad de peces de todos los colores.
Los había verdes, rojos, azules, negros…. Era imposible ver todo lo que allí había. Debía de cubrir unos cuatro metros aunque se veía perfectamente hasta unos veinte metros hacía delante.
Más tarde nos fuimos por nuestra cuenta a un lugar muy tranquilo, apartado de aquél pequeño pueblo. Nada más zambullirnos vimos un pez luna que yo conocía muy bien. Debía de cubrir dos metros o tres y en algunos lugares seis y siete metros. Aquello fue espectacular.
Una semana más tarde volvíamos a casa, con la mente llena de todas las aventuras que habíamos vivido y sin saber lo que llevábamos en nuestro equipaje. Cuando descargamos las maletas, descubrimos que llevábamos….¡un cangrejo ermitaño en una de las conchas que cogimos! Lo cuidamos cuanto pudimos, pero, al no estar en su hábitat, murió.
Aquella fue la peor noticia de mi viaje a Costa Rica.
(Basado en hechos reales)
Manuel Carela Ferrer.
Los había verdes, rojos, azules, negros…. Era imposible ver todo lo que allí había. Debía de cubrir unos cuatro metros aunque se veía perfectamente hasta unos veinte metros hacía delante.
Más tarde nos fuimos por nuestra cuenta a un lugar muy tranquilo, apartado de aquél pequeño pueblo. Nada más zambullirnos vimos un pez luna que yo conocía muy bien. Debía de cubrir dos metros o tres y en algunos lugares seis y siete metros. Aquello fue espectacular.
Una semana más tarde volvíamos a casa, con la mente llena de todas las aventuras que habíamos vivido y sin saber lo que llevábamos en nuestro equipaje. Cuando descargamos las maletas, descubrimos que llevábamos….¡un cangrejo ermitaño en una de las conchas que cogimos! Lo cuidamos cuanto pudimos, pero, al no estar en su hábitat, murió.
Aquella fue la peor noticia de mi viaje a Costa Rica.
(Basado en hechos reales)
Manuel Carela Ferrer.
SHIRA, mi perra.
Shira es mi perra, es cruce de husky y pastor alemán.
En torrecilla casi nunca pasa nada y todo el pueblo se entera si ocurre algo. Vimos que había un perro rondando por el pueblo, que nadie sabia quien era su dueño ni cual era su nombre. Yo estaba en el colegio, que era el último día e hicieron una convivencia. Hicimos una excursión por el pueblo y de repente vi a mi madre con un perro enorme siguiéndola. Todos me preguntaban si era mío y yo les contestaba que no. Cuando fuimos a comer a la pista, mi madre llegó muy triste pero con ese perro aún siguiéndola. Mi madre estaba triste porque al perro le habían pegado o maltratado y estaba lleno de garrapatas. Mi madre se fue a casa dejando al perro fuera, pero empezó a arañar la puerta, y mi madre le sacó comida para que se estuviera quieto, tampoco paró, el perro no quería comida a pesar de que estaba hambriento, solo quería a mi madre. Mi madre recorrió todo el pueblo buscando a alguien que la ayudara, pero se le hizo tarde y fue a por mi comida. Cuando llegó a la pista los niños pequeños tiraban piedras al perro. Yo le di mi bocadillo al perro ya que se me había ido el hambre, por ver a mi madre triste y porque estaba muy nerviosa. Yo tenía otro perro por eso mi madre no quería llevarla a casa, pero no le quedó otra opción. Los dos perros se llevaron bien. Estuve días preocupada porque viniera el dueño y se la llevara. Seguíamos sin saber su nombre, mi madre al principio creía que era macho y le llamó Rex porque se parecía al de la serie. Un amigo nos dijo que la llamáramos Venus y una niña de cuatro años nos dijo que le pusiéramos Cristina, pero nos quedamos con Venus. Llamámos a un veterinario para que mirara si estaba bien. Semanas más tarde, cuando ya le habíamos cogido cariño, llamó su dueño y vino a Torrecilla. Habló con mi madre y, aunque parezca mentira, nos la regaló. Mi antiguo perro y ella empezaron a llevarse peor, y él se volvió muy agresivo y me mordió. Mis padres, que ya llevaban la cuenta de las veces que me había mordido, decidieron sacrificarlo. Yo me puse muy triste pero no tanto como cuando murió Katy, otra perra que tuve.
El dueño nos dijo su nombre era Shira. El otro perro, Lucky, antes de sacrificarlo no dejaba en paz a Shira y ella ya le había dado más de un susto.
Ahora Shira es muy tranquila y juguetona, le encantan las piedras y su peluche, al que ha arrancado los ojos, la nariz y una pata. Cuando vamos a dormir cerramos la puerta del salón, pero ella la abre y sube a dormir con nosotros. Duerme encima de mis piernas y como pesa tanto no puedo moverme. Cuando sueña tiembla y gruñe y a veces me asusta. Esta es la historia de Mi perra Shira.
Shira de cachorro vivía en un piso y cuando creció se la dieron a un señor que la tuvo atada a un palo, el se la dio a otro chico al que se le escapó del coche y llegó hasta nosotros intentando volver a su casa.
En torrecilla casi nunca pasa nada y todo el pueblo se entera si ocurre algo. Vimos que había un perro rondando por el pueblo, que nadie sabia quien era su dueño ni cual era su nombre. Yo estaba en el colegio, que era el último día e hicieron una convivencia. Hicimos una excursión por el pueblo y de repente vi a mi madre con un perro enorme siguiéndola. Todos me preguntaban si era mío y yo les contestaba que no. Cuando fuimos a comer a la pista, mi madre llegó muy triste pero con ese perro aún siguiéndola. Mi madre estaba triste porque al perro le habían pegado o maltratado y estaba lleno de garrapatas. Mi madre se fue a casa dejando al perro fuera, pero empezó a arañar la puerta, y mi madre le sacó comida para que se estuviera quieto, tampoco paró, el perro no quería comida a pesar de que estaba hambriento, solo quería a mi madre. Mi madre recorrió todo el pueblo buscando a alguien que la ayudara, pero se le hizo tarde y fue a por mi comida. Cuando llegó a la pista los niños pequeños tiraban piedras al perro. Yo le di mi bocadillo al perro ya que se me había ido el hambre, por ver a mi madre triste y porque estaba muy nerviosa. Yo tenía otro perro por eso mi madre no quería llevarla a casa, pero no le quedó otra opción. Los dos perros se llevaron bien. Estuve días preocupada porque viniera el dueño y se la llevara. Seguíamos sin saber su nombre, mi madre al principio creía que era macho y le llamó Rex porque se parecía al de la serie. Un amigo nos dijo que la llamáramos Venus y una niña de cuatro años nos dijo que le pusiéramos Cristina, pero nos quedamos con Venus. Llamámos a un veterinario para que mirara si estaba bien. Semanas más tarde, cuando ya le habíamos cogido cariño, llamó su dueño y vino a Torrecilla. Habló con mi madre y, aunque parezca mentira, nos la regaló. Mi antiguo perro y ella empezaron a llevarse peor, y él se volvió muy agresivo y me mordió. Mis padres, que ya llevaban la cuenta de las veces que me había mordido, decidieron sacrificarlo. Yo me puse muy triste pero no tanto como cuando murió Katy, otra perra que tuve.
El dueño nos dijo su nombre era Shira. El otro perro, Lucky, antes de sacrificarlo no dejaba en paz a Shira y ella ya le había dado más de un susto.
Ahora Shira es muy tranquila y juguetona, le encantan las piedras y su peluche, al que ha arrancado los ojos, la nariz y una pata. Cuando vamos a dormir cerramos la puerta del salón, pero ella la abre y sube a dormir con nosotros. Duerme encima de mis piernas y como pesa tanto no puedo moverme. Cuando sueña tiembla y gruñe y a veces me asusta. Esta es la historia de Mi perra Shira.
Shira de cachorro vivía en un piso y cuando creció se la dieron a un señor que la tuvo atada a un palo, el se la dio a otro chico al que se le escapó del coche y llegó hasta nosotros intentando volver a su casa.
Marina Beguer Centelles. 1º eso B
miércoles, 14 de enero de 2009
UNA HISTORIA INCREÍBLE
La historia que os voy a contar ha pasado de generación en generación, en mi familia, espero que os guste. Trata de un pirata llamado John Barañan, salió en busca de un tesoro, “el Corazón de Oro”. John era capitán, se hacían llamar “los piratas”, la verdad es que no pensaron mucho en el nombre, era una tripulación que había de todo; grandes, pequeños, gordos, flacos…etc.
Estaban frente a la isla de java llena de volcanes, tiburones, animales salvajes, el capitán Johnny cogió un bote, junto con cinco hombres de su tripulación, que son: Tuerto, Zorro, Piel Blanca, Chiqui y Bucarón. Ya en la isla, Jonh llevaba el mapa, tenían que ir “al corazón de la isla”, así que emprendieron el viaje hacia la selva. En la selva piel blanca y tuerto hicieron una apuesta, ver quien mataba mas monos, pero gano piel blanca, a que tuerto como dice le nombre no veía muy bien y no dio una. Ya estaban en el corazón de la isla, había una cascada, John se dio cuenta de que detrás había una cueva, se adentró en la cueva, tras pasar muchas pruebas, encontró el corazón, cuando se dirigían al bote, se perdieron, pero gracias a la orientación de zorro les ayudó a encontrar el bote.
Al capitán John Barañan siempre se le recordó, por haber encontrado el corazón de la isla de Java.
Esta historia me la contaba mi abuelo cuando tenía 5 años . Espero que os haya gustado.
Y fueron felices y comieron perdices.
Estaban frente a la isla de java llena de volcanes, tiburones, animales salvajes, el capitán Johnny cogió un bote, junto con cinco hombres de su tripulación, que son: Tuerto, Zorro, Piel Blanca, Chiqui y Bucarón. Ya en la isla, Jonh llevaba el mapa, tenían que ir “al corazón de la isla”, así que emprendieron el viaje hacia la selva. En la selva piel blanca y tuerto hicieron una apuesta, ver quien mataba mas monos, pero gano piel blanca, a que tuerto como dice le nombre no veía muy bien y no dio una. Ya estaban en el corazón de la isla, había una cascada, John se dio cuenta de que detrás había una cueva, se adentró en la cueva, tras pasar muchas pruebas, encontró el corazón, cuando se dirigían al bote, se perdieron, pero gracias a la orientación de zorro les ayudó a encontrar el bote.
Al capitán John Barañan siempre se le recordó, por haber encontrado el corazón de la isla de Java.
Esta historia me la contaba mi abuelo cuando tenía 5 años . Espero que os haya gustado.
Y fueron felices y comieron perdices.
VERÓNICA BARAÑÁN. 1º ESO A.
EL LAGO DE LOS DIAMANTES
Aquel día de verano, un día de esos en los que uno no sabe qué hacer, que por más que pienses algo para divertirte un poco, no consigues sacar de la cabeza mas que: “¡Uf qué calor! ...”
Todos de vacaciones y yo allí, sentada en la calle bajo el sol, que parecía querer quemar mis pensamientos. Una nube lo tapó, fue entonces cuando mi cerebro se enfrió y vagamente asomó a mi cabeza la gran idea de ir abañarme al Lago de los Diamantes. Siempre me había gustado ir allí. Sus aguas brillaban como las joyas que su nombre indicaba. Una gran cascada lo llenaba de vida y le daba de beber, y sus alrededores rebosantes de flores de colores, de diversos tamaños y formas, lo hacían alegre y muy confortable. El lago se situaba al lado de mi pueblo, en el centro de un frondoso bosque.
Cuando llegue me puse mi bañador y me zambullí en sus aguas llena de euforia y entusiasmo, y, era curioso, cada vez que iba allí me sentía llena de energía y felicidad.
¡Ahh!, aquello era vida, si señor, vida de verdad.
Mientras me bañaba me pareció ver algo brillante, deslumbró mis ojos, detrás de la cascada nade hacia allí pero tuve que retroceder, aquel lugar brillaba demasiado; decidí mirarlo por debajo del agua.
Era una puerta, no podía saber nada más. Salí del agua y la entrada a lo desconocido dejo de brillar, (vi entonces que estaba hecha con diamantes) y se abrió. No lo dudé, salí del agua y cogí mi ropa. La sostuve en mi mano sin que se mojara hasta que llegué a la entrada que llevaba a… ¿quién sabe dónde? Por un largo pasillo iluminado con antorchas todo, absolutamente todo, hecho de diamantes. Me vestí. Entré. Dudé un momento, pero la puerta se cerró tras de mí. Avancé temerosa, y de pronto, caí, caí, caí, caí…por un estrecho agujero. Aterricé en una superficie lisa y helada.
Comprendí que estaba hecho de diamante. Entonces vi correr un extraño personaje por un pasillo que parecía llevar a una especie de ciudad (toda hecha con diamantes, ¿cómo no?). Le seguí y entré en aquel extraño lugar, en la entrada había unos seres que me miraban extrañados. Uno de ellos comenzó a hablarme, a hacerme preguntas. Yo supuse que no tendría nada malo, así que comenzamos a conocernos entre todos. Me lo contaron todo sobre aquella ciudad y las vidas de aquellos seres.
Desde entonces aquel lugar es para mí donde compartir mis más preciadas historias, un secreto que guardar,…,…,… También es una historia muy larga que conmigo siempre va a estar. Pero sobre todo, es algo que iba a guardar en mi corazón como se puede guardar aquello que es, un diamante.
ROSA CARMEN BONO. 1º ESO B.
Todos de vacaciones y yo allí, sentada en la calle bajo el sol, que parecía querer quemar mis pensamientos. Una nube lo tapó, fue entonces cuando mi cerebro se enfrió y vagamente asomó a mi cabeza la gran idea de ir abañarme al Lago de los Diamantes. Siempre me había gustado ir allí. Sus aguas brillaban como las joyas que su nombre indicaba. Una gran cascada lo llenaba de vida y le daba de beber, y sus alrededores rebosantes de flores de colores, de diversos tamaños y formas, lo hacían alegre y muy confortable. El lago se situaba al lado de mi pueblo, en el centro de un frondoso bosque.
Cuando llegue me puse mi bañador y me zambullí en sus aguas llena de euforia y entusiasmo, y, era curioso, cada vez que iba allí me sentía llena de energía y felicidad.
¡Ahh!, aquello era vida, si señor, vida de verdad.
Mientras me bañaba me pareció ver algo brillante, deslumbró mis ojos, detrás de la cascada nade hacia allí pero tuve que retroceder, aquel lugar brillaba demasiado; decidí mirarlo por debajo del agua.
Era una puerta, no podía saber nada más. Salí del agua y la entrada a lo desconocido dejo de brillar, (vi entonces que estaba hecha con diamantes) y se abrió. No lo dudé, salí del agua y cogí mi ropa. La sostuve en mi mano sin que se mojara hasta que llegué a la entrada que llevaba a… ¿quién sabe dónde? Por un largo pasillo iluminado con antorchas todo, absolutamente todo, hecho de diamantes. Me vestí. Entré. Dudé un momento, pero la puerta se cerró tras de mí. Avancé temerosa, y de pronto, caí, caí, caí, caí…por un estrecho agujero. Aterricé en una superficie lisa y helada.
Comprendí que estaba hecho de diamante. Entonces vi correr un extraño personaje por un pasillo que parecía llevar a una especie de ciudad (toda hecha con diamantes, ¿cómo no?). Le seguí y entré en aquel extraño lugar, en la entrada había unos seres que me miraban extrañados. Uno de ellos comenzó a hablarme, a hacerme preguntas. Yo supuse que no tendría nada malo, así que comenzamos a conocernos entre todos. Me lo contaron todo sobre aquella ciudad y las vidas de aquellos seres.
Desde entonces aquel lugar es para mí donde compartir mis más preciadas historias, un secreto que guardar,…,…,… También es una historia muy larga que conmigo siempre va a estar. Pero sobre todo, es algo que iba a guardar en mi corazón como se puede guardar aquello que es, un diamante.
ROSA CARMEN BONO. 1º ESO B.
viernes, 9 de enero de 2009
SOMBRAS EN EL CAMINO
Eran las seis de la mañana, y como todas las mañanas de mi humilde vida de campesina me levanté para hacer las tareas del hogar.
Tenía doce años, mi madre había muerto hacía un par de años atrás y mi padre se halaba en cama por una grave enfermedad por aquel entonces casi intratable. Pero ese dieciséis de abril de mil seiscientos cuarenta y ocho el médico del pueblo vendría a ver a padre, por lo que ambos teníamos una vaga esperanza de que aquel anciano mercader que era padre pudiera seguir sacando adelante a esa familia hasta que yo encontrara marido y me fuera de casa, y aún así ninguno de los dos creía que eso fuera posible. Yo aún era una niña y aunque padre no muriera, no se le veía capaz de aguantar mucho más.
Una hora, dos horas, tres horas… El tiempo pasaba demasiado rápido ahora que sabía mi destino al comprender el de padre. Me resultaba agobiante pero tenía que alejarme de él para poder coger las cosas necesarias para mi viaje. Me dirigía a Madrid, de entonces en adelante viviría junto a mi hermano Enrique que sin padre ni madre no podía seguir. Pronto acabé y rápidamente subí las escaleras hasta la pequeña habitación en la que se encontraba padre. Pero ya era demasiado tarde. Sus ojos se habían cerrado para siempre y su corazón no volvería a latir. También era demasiado doloroso, pero entonces y asimismo ahora, sabía que quedarme allí a llorarle solamente serviría para retrasar mi viaje y conseguir pasar la noche en la nada.
Cabalgué durante horas parándome un par de veces. La yegua tenía que descansar y yo necesitaba comer algo. Pero los bonitos paisajes me distrajeron consiguiendo sumergirme en mis pensamientos como ya habían hecho tantas veces antes, hasta que me di cuenta de lo tarde que era. Y no solo era tarde por la hora, mi yegua había conseguido desatarse y al girarme solo encontré el verde prado mecido por el viento. Estaba totalmente vacío. ¿Cómo iba ahora a llegar a la ciudad? Estaba lejísimos de ella y nadie pasaba por el camino, ya que su estado era realmente nefasto.
Sin más remedio comencé a andar a un paso lento. El viento soplaba ahora fuertemente y la arena del camino se levantaba hasta impedirme ver más allá de un metro.
Anocheció, cada vez veía peor. En ese momento algo se movió entre los escasos árboles, una siniestra sombra que parecía querer esconderse de mí. No me molestaba que esta no quisiera saber mí, ya que yo tampoco deseaba advertir nada más de ella. Pero aún así cada vez se oía más cerca e inevitablemente mis pies se movían más rápido como acto reflejo ante aquel miedo que los ruidos y sombras provocaban en mí. Este cesó durante un instante para aparecer detrás de mí más tarde. Afortunadamente un carruaje pasó en ese momento. Conseguí pararlo y el amable hombre que lo conducía accedió a llevarme hasta Madrid. Nunca más he vuelto a pasar por ese camino, del que ahora se dice que un embrujo vaga sobre sus tierras.
Tenía doce años, mi madre había muerto hacía un par de años atrás y mi padre se halaba en cama por una grave enfermedad por aquel entonces casi intratable. Pero ese dieciséis de abril de mil seiscientos cuarenta y ocho el médico del pueblo vendría a ver a padre, por lo que ambos teníamos una vaga esperanza de que aquel anciano mercader que era padre pudiera seguir sacando adelante a esa familia hasta que yo encontrara marido y me fuera de casa, y aún así ninguno de los dos creía que eso fuera posible. Yo aún era una niña y aunque padre no muriera, no se le veía capaz de aguantar mucho más.
Una hora, dos horas, tres horas… El tiempo pasaba demasiado rápido ahora que sabía mi destino al comprender el de padre. Me resultaba agobiante pero tenía que alejarme de él para poder coger las cosas necesarias para mi viaje. Me dirigía a Madrid, de entonces en adelante viviría junto a mi hermano Enrique que sin padre ni madre no podía seguir. Pronto acabé y rápidamente subí las escaleras hasta la pequeña habitación en la que se encontraba padre. Pero ya era demasiado tarde. Sus ojos se habían cerrado para siempre y su corazón no volvería a latir. También era demasiado doloroso, pero entonces y asimismo ahora, sabía que quedarme allí a llorarle solamente serviría para retrasar mi viaje y conseguir pasar la noche en la nada.
Cabalgué durante horas parándome un par de veces. La yegua tenía que descansar y yo necesitaba comer algo. Pero los bonitos paisajes me distrajeron consiguiendo sumergirme en mis pensamientos como ya habían hecho tantas veces antes, hasta que me di cuenta de lo tarde que era. Y no solo era tarde por la hora, mi yegua había conseguido desatarse y al girarme solo encontré el verde prado mecido por el viento. Estaba totalmente vacío. ¿Cómo iba ahora a llegar a la ciudad? Estaba lejísimos de ella y nadie pasaba por el camino, ya que su estado era realmente nefasto.
Sin más remedio comencé a andar a un paso lento. El viento soplaba ahora fuertemente y la arena del camino se levantaba hasta impedirme ver más allá de un metro.
Anocheció, cada vez veía peor. En ese momento algo se movió entre los escasos árboles, una siniestra sombra que parecía querer esconderse de mí. No me molestaba que esta no quisiera saber mí, ya que yo tampoco deseaba advertir nada más de ella. Pero aún así cada vez se oía más cerca e inevitablemente mis pies se movían más rápido como acto reflejo ante aquel miedo que los ruidos y sombras provocaban en mí. Este cesó durante un instante para aparecer detrás de mí más tarde. Afortunadamente un carruaje pasó en ese momento. Conseguí pararlo y el amable hombre que lo conducía accedió a llevarme hasta Madrid. Nunca más he vuelto a pasar por ese camino, del que ahora se dice que un embrujo vaga sobre sus tierras.
LAURA HERRERO 1º A.
martes, 23 de diciembre de 2008
PERDIDO EN EL BOSQUE
Era un fin de semana a finales de octubre y hacia un buen día, bastante soleado, así que yo y mi padre fuimos al campo a buscar robellones. Salían muchos nos divertíamos mucho cogiéndolas pero de repente el cielo se oscureció y aparecieron unos grandes nubarrones. No llovía pero había niebla y casi no se podía ver a más de tres metros. Buscamos el camino hacia la carretera donde habíamos dejado el coche pero no lo podíamos encontrar. Lo buscamos durante una hora pero todo parecía lo mismo, lleno de pinos y hierbajos, y lo peor es que estaba oscureciendo. Cogimos el móvil e intentamos llamar a casa, pero no había cobertura. Estábamos perdidos. Nos paramos a descansar en una roca, y entonces, oímos unos ruidos y vimos que algo se acercaba pero con la niebla no se podía distinguir. Cuando se acercó más, vimos que era un jabalí y al vernos corrió hacia nosotros, corrimos y nos subimos a un árbol. Pero el jabalí aún se quedó haciendo guardia alrededor del árbol. Yo tenía mucha hambre pero no podíamos bajar mientras el jabalí estuviera allí. Por ese empezamos a tirarle piñas y palos desde el árbol hasta que se marchó, entonces bajamos, pero ya se había hecho de noche. Hicimos un fuego con un mechero que llevábamos y nos pusimos alrededor de él. Abrimos la bolsa que llevábamos buscando unas manzanas y nueces que nos habíamos traído pero no había nada, se las debía haber comido el jabalí. Así que cogimos los robellones, los limpiamos con el agua que nos quedaba y los asamos al fuego. Nos los comimos, estaban buenísimos. Al cabo de un rato nos pusimos a dormir con el calor del fuego. Se oían ruidos y sonidos extraños, yo tenía miedo pero al cabo de un rato conseguí dormirme. Al despertarnos ya era de día y la niebla se había marchado. En una media hora encontramos el camino de vuelta hacia el coche. Cuando llegamos a casa todos estaban muy preocupados y les contamos la gran aventura que habíamos pasado.
FIN
FIN
ANDRÉS CRUZ. 1º A.
VIAJE A LA SELVA
Teníamos que ir a buscarlo. Hacía dos semanas que la expedición había marchado a aquella selva y ninguno de sus hombres había vuelto ni había dado señales de vida. Se habían marchado a buscar un antiguo tesoro a la selva de Kenia y no sabíamos nada de ellos.
A la mañana siguiente cinco compañeros y yo cogimos un avión hacia Kenia. Cuatro horas después ya habíamos llegado, y tras dirigirnos en un coche hasta la selva nos dispusimos a empezar la búsqueda. Nos dividimos en dos grupos. A mí me toco con Ricardo. Llevábamos un rato buscando cuando oímos unos tambores cerca de nosotros. Pensamos que quizás allí estaban nuestros compañeros y que habían sido capturados alguna tribu. Fuimos a su encuentro y a los pocos pasos caímos en una trampa. Habíamos quedado atrapados en un agujero y veíamos cómo se iban acercando hacia nosotros unos hombres pintados y con extrañas mascaras. Nos llevaron atados hasta una de sus cabañas donde nos encontramos con todos nuestros compañeros. Estuvimos un buen rato pensando escapar hasta que a mí, se me ocurrió una idea. Nos acercamos a un fuego que los hombres de la tribu habían encendido y quemamos las cuerdas que nos ataban manos y pies. Llegó la hora de cenar, y en un descuido de nuestros vigilantes salimos corriendo. No sabíamos a dónde íbamos pero no paramos de correr. Al llegar a un río, nos subimos a unas viejas balsas de madera y conseguimos, al fin, escapar de aquella tribu. No sabíamos cómo podíamos volver a casa. De pronto vimos a un grupo de turistas. Nos acercamos a ellos y gracias a su helicóptero pudimos regresar sanos y salvos. Aunque no habíamos encontrado ningún tesoro en aquel viaje, teníamos muchas cosas que contar a la gente.
FIN
BERTA GARCÍA MARTÍNEZ 1º A
A la mañana siguiente cinco compañeros y yo cogimos un avión hacia Kenia. Cuatro horas después ya habíamos llegado, y tras dirigirnos en un coche hasta la selva nos dispusimos a empezar la búsqueda. Nos dividimos en dos grupos. A mí me toco con Ricardo. Llevábamos un rato buscando cuando oímos unos tambores cerca de nosotros. Pensamos que quizás allí estaban nuestros compañeros y que habían sido capturados alguna tribu. Fuimos a su encuentro y a los pocos pasos caímos en una trampa. Habíamos quedado atrapados en un agujero y veíamos cómo se iban acercando hacia nosotros unos hombres pintados y con extrañas mascaras. Nos llevaron atados hasta una de sus cabañas donde nos encontramos con todos nuestros compañeros. Estuvimos un buen rato pensando escapar hasta que a mí, se me ocurrió una idea. Nos acercamos a un fuego que los hombres de la tribu habían encendido y quemamos las cuerdas que nos ataban manos y pies. Llegó la hora de cenar, y en un descuido de nuestros vigilantes salimos corriendo. No sabíamos a dónde íbamos pero no paramos de correr. Al llegar a un río, nos subimos a unas viejas balsas de madera y conseguimos, al fin, escapar de aquella tribu. No sabíamos cómo podíamos volver a casa. De pronto vimos a un grupo de turistas. Nos acercamos a ellos y gracias a su helicóptero pudimos regresar sanos y salvos. Aunque no habíamos encontrado ningún tesoro en aquel viaje, teníamos muchas cosas que contar a la gente.
FIN
BERTA GARCÍA MARTÍNEZ 1º A
miércoles, 17 de diciembre de 2008
ACTIVIDADES PRIMER TRIMESTRE:
Los alumnos de 1º de ESO, del IES “Bajo Aragón” de Alcañiz, hemos realizado las siguientes actividades:
· LECTURAS DE TERROR: el día 6 de noviembre, en la Biblioteca del centro nos reunimos un grupo de alumnos y realizamos distintas lecturas de narraciones de terror; algunas de ellas fueron:
- Pueblo Fantasma de José María Latorre.
- La mirada de la noche de José María Latorre.
- El cristal del miedo de Marcela Serrano.
- Otra vuelta de tuerca de H. James.
- El corazón delator de Edgar Allan Poe.
- La pata de palo de José de Espronceda.
Para que podáis volver a disfrutar:
EL CRISTAL DEL MIEDO de Marcela Serrano:
Los collares poblaban muchas habitaciones del castillo, parecían estar por todos lados. La única semejanza entre ellos era el material del cual estaban hechos: el cristal. De cada uno colgaba una etiqueta con ciertos datos, que Milena no debía leer. En realidad, los collares mismos estaban prohibidos para Milena y como no podía ni tocarlos, los admiraba a distancia, pero no ejercía sobre ellos la fascinación que desataban en otros. Sólo Cayetano estaba autorizado para limpiarlos y ello sucedía muy de tanto en tanto. Pero había un dato muy importante que ella ignoraba: los collares eran mágicos. Estaban hechos de miedo puro (…)
Un cierto día Milena decidió barrer el pasillo más oscuro y escondido del castillo, bajando muchas escaleras y doblando muchos rincones. Le parecía haber estado allí antes y se sintió culpable por las capas de polvo y suciedad que sus ojos comprobaban. Sin embargo, esas escaleras eran distintas a las otras, las que ella transitaba casi sin darse cuenta día tras día, ¿es que estaban escondidas? Cuando ya había tomado, enérgica la escoba y se disponía a barrer, vio una puerta. No, ella nunca se encontró antes en ese lugar, la madera anaranjada de aquella puerta era nueva para sus ojos. Trató de abrirla y no pudo. El cerrojo, de un hierro antiguo, mostraba un orificio grande donde cabía la mirada completa de Milena. Asombrada, vio adentro unas extrañas columnas de humo, mucho humo, de los más diversos colores. Tuvo la certeza de que alguien había estado recién allí cuando escuchó una voz.
· VISITA DE ANA ALCOLEA: el día 20 de noviembre los alumnos de 1º de ESO, pudimos disfrutar de la compañía de Ana Alcolea, la autora de El Medallón Perdido. Es la lectura que hemos realizado en el primer trimestre. Tres compañeros realizaron su presentación: Rosa Bono, Laura Herrero y Petrea. A continuación pudimos conversar con ella sobre la novela, le hicimos preguntas y nos enseñó: fotografías y algo que nos llamó mucho la atención, vimos “el medallón”. Es una gran autora, nos gustan mucho sus libros y que venga a visitarnos.
· Un grupo de alumnos formado por 1º A y 1º B, hemos realizado en este trimestre 36 lecturas voluntarias, que además de disfrutar, han supuesto un importante incremento en nuestra nota. Las lecturas que hemos realizado son las siguientes ¡ánimo!, muchas de ellas también pueden gustarte a ti:
- Helio Rubio: El día de los inocentes, Gógar y el misterio de los dragones, El pequeño Nicolás.
- Rubén Albesa: Los trapos sucios de Manolito, Manolito Gafotas.
- Andrés Pérez Miguel: Las aventuras de Sherlock Holmes , El archivo de Sherlock Holmes, Memorias de Sherlock Holmes, El valle del terror de Sherlock Holmes, El signo de los cuatro de Sherlock Holmes, El último saludo de Sherlock Holmes, Reaparece Sherlock Holmes ( le quedan muy pocos para leerlos todos y es su propósito).
- Andrés Cruz Conesa: La caligrafía secreta, El secreto de Endimión Spring.
- Manuel Carela Ferrer: Harry Potter y la orden del Fénix, El secreto del buhonero, Harry Potter y el misterio del príncipe.
- Víctor García Pérez: Tierra de dragones, El secreto del buhonero, Chis y Garabis.
- Rosa Carmen Bono Velilla: Sebastián y el cetro de la vida, La historia interminable, Leyendas del Pirineo.
- Estefanía Bayod Serrano: El amigo de Hércules.
- Laura Herrero Martín: Los bosques del silencio, El lago de las lágrimas, La ciudad de las ratas, Las 13 vidas y media del capitán Osoazul.
- Berta García Martínez: Manolito tiene un secreto, La maravillosa medicina de Jorge, Un cuento triste.
- Verónica Barañán Espallargas: Manolito on the road, Laguna.com.
- Agustín Miguel Etcheverry: Cuentos para pensar, El monstruoso libro de los monstruos.
- Isabel Baeta Andreu: El atrapasueños.
- Laura Bonfil Celma: Fray Perico y los franceses.
ALUMNOS 1º ESO DE ALCAÑIZ.
· LECTURAS DE TERROR: el día 6 de noviembre, en la Biblioteca del centro nos reunimos un grupo de alumnos y realizamos distintas lecturas de narraciones de terror; algunas de ellas fueron:
- Pueblo Fantasma de José María Latorre.
- La mirada de la noche de José María Latorre.
- El cristal del miedo de Marcela Serrano.
- Otra vuelta de tuerca de H. James.
- El corazón delator de Edgar Allan Poe.
- La pata de palo de José de Espronceda.
Para que podáis volver a disfrutar:
EL CRISTAL DEL MIEDO de Marcela Serrano:
Los collares poblaban muchas habitaciones del castillo, parecían estar por todos lados. La única semejanza entre ellos era el material del cual estaban hechos: el cristal. De cada uno colgaba una etiqueta con ciertos datos, que Milena no debía leer. En realidad, los collares mismos estaban prohibidos para Milena y como no podía ni tocarlos, los admiraba a distancia, pero no ejercía sobre ellos la fascinación que desataban en otros. Sólo Cayetano estaba autorizado para limpiarlos y ello sucedía muy de tanto en tanto. Pero había un dato muy importante que ella ignoraba: los collares eran mágicos. Estaban hechos de miedo puro (…)
Un cierto día Milena decidió barrer el pasillo más oscuro y escondido del castillo, bajando muchas escaleras y doblando muchos rincones. Le parecía haber estado allí antes y se sintió culpable por las capas de polvo y suciedad que sus ojos comprobaban. Sin embargo, esas escaleras eran distintas a las otras, las que ella transitaba casi sin darse cuenta día tras día, ¿es que estaban escondidas? Cuando ya había tomado, enérgica la escoba y se disponía a barrer, vio una puerta. No, ella nunca se encontró antes en ese lugar, la madera anaranjada de aquella puerta era nueva para sus ojos. Trató de abrirla y no pudo. El cerrojo, de un hierro antiguo, mostraba un orificio grande donde cabía la mirada completa de Milena. Asombrada, vio adentro unas extrañas columnas de humo, mucho humo, de los más diversos colores. Tuvo la certeza de que alguien había estado recién allí cuando escuchó una voz.
· VISITA DE ANA ALCOLEA: el día 20 de noviembre los alumnos de 1º de ESO, pudimos disfrutar de la compañía de Ana Alcolea, la autora de El Medallón Perdido. Es la lectura que hemos realizado en el primer trimestre. Tres compañeros realizaron su presentación: Rosa Bono, Laura Herrero y Petrea. A continuación pudimos conversar con ella sobre la novela, le hicimos preguntas y nos enseñó: fotografías y algo que nos llamó mucho la atención, vimos “el medallón”. Es una gran autora, nos gustan mucho sus libros y que venga a visitarnos.
· Un grupo de alumnos formado por 1º A y 1º B, hemos realizado en este trimestre 36 lecturas voluntarias, que además de disfrutar, han supuesto un importante incremento en nuestra nota. Las lecturas que hemos realizado son las siguientes ¡ánimo!, muchas de ellas también pueden gustarte a ti:
- Helio Rubio: El día de los inocentes, Gógar y el misterio de los dragones, El pequeño Nicolás.
- Rubén Albesa: Los trapos sucios de Manolito, Manolito Gafotas.
- Andrés Pérez Miguel: Las aventuras de Sherlock Holmes , El archivo de Sherlock Holmes, Memorias de Sherlock Holmes, El valle del terror de Sherlock Holmes, El signo de los cuatro de Sherlock Holmes, El último saludo de Sherlock Holmes, Reaparece Sherlock Holmes ( le quedan muy pocos para leerlos todos y es su propósito).
- Andrés Cruz Conesa: La caligrafía secreta, El secreto de Endimión Spring.
- Manuel Carela Ferrer: Harry Potter y la orden del Fénix, El secreto del buhonero, Harry Potter y el misterio del príncipe.
- Víctor García Pérez: Tierra de dragones, El secreto del buhonero, Chis y Garabis.
- Rosa Carmen Bono Velilla: Sebastián y el cetro de la vida, La historia interminable, Leyendas del Pirineo.
- Estefanía Bayod Serrano: El amigo de Hércules.
- Laura Herrero Martín: Los bosques del silencio, El lago de las lágrimas, La ciudad de las ratas, Las 13 vidas y media del capitán Osoazul.
- Berta García Martínez: Manolito tiene un secreto, La maravillosa medicina de Jorge, Un cuento triste.
- Verónica Barañán Espallargas: Manolito on the road, Laguna.com.
- Agustín Miguel Etcheverry: Cuentos para pensar, El monstruoso libro de los monstruos.
- Isabel Baeta Andreu: El atrapasueños.
- Laura Bonfil Celma: Fray Perico y los franceses.
ALUMNOS 1º ESO DE ALCAÑIZ.
ROMEO Y EL ESPEJO
Érase una vez un hombre que estaba en su casa, cuando oyó un timbrazo, se levantó de la butaca en la que estaba sentado viendo en la televisión un documental sobre la fauna y la flora de Inglaterra y abrió la puerta. Cuando abrió la puerta se produjo una conversación un tanto divertida y repetitiva.
-¿Quién es usted?, preguntó a un hombre que era igual que él, vestía igual que él y hablaba y se movía al mismo tiempo que él.
No hubo respuesta, pero el hombre volvió a preguntarle lo mismo, pero a su vez el otro hombre también le preguntó lo mismo.
El hombre ya harto y sorprendido, intentó darle un puñetazo a su visitante.
Se oyó. ¡CROC!
Y el hombre se acordó al instante del espejo que había encargado el día anterior.
Y esta es la divertida historia de Romeo el despistado.
FIN
Andrés Pérez.
martes, 18 de noviembre de 2008
ASESINATO EN LA PENUNBRA
La noche era fría y húmeda, pero en la pequeña sala los postigos estaban cerrados y el fuego ardía vivamente. Allí, en frente de la calurosa chimenea había un gran sillón rojo del que sobresalía una misteriosa y estirada sombra que no paraba de reír a grandes y malévolas carcajadas que retumbaban en toda la mansión.
De pronto, la sombra paró de reír y se levantó de un salto del sillón, cogió la copa de la mesilla y comenzó a andar dando vueltas por aquella sala. Entonces, aún nadie sabía el porqué de tales carcajadas, pero pronto se sabría todo.
Desde hacía ya unas semanas, George H. McWalls había estado investigando a aquel misterioso individuo y en esos momentos se dirigía hacia su mansión.
Ésta estaba situada en lo alto de una gran montaña a la que había difícil acceso. Por sus frías paredes de piedra no paraban de miles de gotas de agua y sus altas torres hacían de pararrayos en las fuertes tormentas.
McWalls se agarró la chaqueta y dando pasos seguros se dirigió hacia la gran puerta, que abrió con un fuerte portazo. Desde la amplia entrada se oían perfectamente los pasos inseguros del misterioso individuo, por lo que McWalls dirigió hacia el sonido, hacia la verdad. Al entrar en la sala, McWalls no tardó ni un segundo en hablar.
- ¡Fuiste tú! No lo niegues, lo sé todo. Al principio nada tenía sentido, pero ahora todo encaja y el puzzle está terminado.
De nuevo, la sombra empezó a reír, pero pronto paró y, orgulloso de sus actos lo confesó todo.
- Sí, fui yo. Yo lo hice, yola maté. Pero me alegro. Tendrías que haberme visto todas las largas tardes trazando un plan, pero fue fácil. Ella estaba allí, en la cocina, preparando la comida como siempre. Entonces me acerqué sigilosamente por detrás, ella se giró y antes de que nadie se diese cuenta, al cuchillo se había clavado en su tripa. Todo había acabado, pronto su cuerpo se desangraría y ya nadie me molestaría, Más tarde tiré su cadáver al lago y limpié los restos de sangre.
- Pero, ¿por qué?- dijo McWalls.
- Sigues sin entender nada. Todo esto, era suyo, si ella moría sería mío, mío y sólo mío. Y ahora por fin lo es.
Pronto llamaron a la policía y se llevaron al asesino al manicomio. Pero, ¿estaría allí para siempre?
De pronto, la sombra paró de reír y se levantó de un salto del sillón, cogió la copa de la mesilla y comenzó a andar dando vueltas por aquella sala. Entonces, aún nadie sabía el porqué de tales carcajadas, pero pronto se sabría todo.
Desde hacía ya unas semanas, George H. McWalls había estado investigando a aquel misterioso individuo y en esos momentos se dirigía hacia su mansión.
Ésta estaba situada en lo alto de una gran montaña a la que había difícil acceso. Por sus frías paredes de piedra no paraban de miles de gotas de agua y sus altas torres hacían de pararrayos en las fuertes tormentas.
McWalls se agarró la chaqueta y dando pasos seguros se dirigió hacia la gran puerta, que abrió con un fuerte portazo. Desde la amplia entrada se oían perfectamente los pasos inseguros del misterioso individuo, por lo que McWalls dirigió hacia el sonido, hacia la verdad. Al entrar en la sala, McWalls no tardó ni un segundo en hablar.
- ¡Fuiste tú! No lo niegues, lo sé todo. Al principio nada tenía sentido, pero ahora todo encaja y el puzzle está terminado.
De nuevo, la sombra empezó a reír, pero pronto paró y, orgulloso de sus actos lo confesó todo.
- Sí, fui yo. Yo lo hice, yola maté. Pero me alegro. Tendrías que haberme visto todas las largas tardes trazando un plan, pero fue fácil. Ella estaba allí, en la cocina, preparando la comida como siempre. Entonces me acerqué sigilosamente por detrás, ella se giró y antes de que nadie se diese cuenta, al cuchillo se había clavado en su tripa. Todo había acabado, pronto su cuerpo se desangraría y ya nadie me molestaría, Más tarde tiré su cadáver al lago y limpié los restos de sangre.
- Pero, ¿por qué?- dijo McWalls.
- Sigues sin entender nada. Todo esto, era suyo, si ella moría sería mío, mío y sólo mío. Y ahora por fin lo es.
Pronto llamaron a la policía y se llevaron al asesino al manicomio. Pero, ¿estaría allí para siempre?
LAURA HERRERO. 1º A.
El misterio de los Wang
Era una desapacible noche de invierno, el cielo estaba inundado de rayos, las contraventanas chocaban y las bisagras chirriaban en la mansión abandonada de los Wang, a 23 kilómetros de la Ciudad Prohibida (China).
Eran muchas las familias que habitado allí pero habían desaparecido o se habían marchado. Decían que a las cuatro menos cuarto de la madrugada había gritos muy extraños y desgarradores en el ala-sur de la mansión, y que veían sombras y siluetas de algunos de sus familiares ya fallecidos, en el jardín había lapidas de antiguos emperadores y descendientes de la familia Wang, pero ¡Las tumbas estaban abiertas!
La última familia que residió en la mansión Wang desapareció y nadie los ha vuelto a ver más.
Ahora va a ir a esa mansión la familia Yung-Zu, que no saben nada de todas las tragedias que han ocurrido en esa casa.
Cuando llegaron a la mansión limpiaron el polvo y tiraron los muebles carcomidos y las puertas con extrañas manchas rojas, que parecían de sangre, también tapiaron una trampilla secreta que daba al sótano para que no se cayera nadie abajo.
Era su decimoquinto día en la mansión Wang, habían oído algunos ruidos y habían visto sombras pero pensaron que serian las lechuzas y los lobos que residían por las grandes praderas de la mansión Wang, pero luego se dieron cuenta de que venían del sótano y el hijo pequeño bajo a ver… sólo se oyó un grito y después desapareció en las penumbras de aquel cuarto oscuro en el que solo se filtraba un hilillo de luz procedente de una estrecha ventana que había en el sótano.
Poco a poco todos los miembros de la familia fueron desapareciendo hasta que solo quedaron el hijo y el padre, que pidieron ayuda a la policía que también desapareció. Aquello era siniestro, el hijo y el padre vivían aterrados, se habían planteado muchas veces mudarse a otra casa, pero aun seguían viviendo allí.
El segundo mes bajaron al sótano con una horca y una escopeta, solo encontraron un gran cofre repleto de dinero y joyas, un pergamino y estatuas, muchas estatuas que eran las de sus familiares y los de las otras familias que habían descendido al sótano y se habían petrificado, el padre cogió el pergamino porque el no era avaricioso y el hijo leyó en voz alta lo que ponía: “Las estatuas son las personas avariciosas que intentaron robar el tesoro de la mansión Wang y se petrificaron, como vosotros dos no habéis sido avariciosos, se ha roto el maleficio…” ¡Boooom! Todas las estatuas se volvieron humanos, todos felicitaron a la familia Yung-Zu, y así se descubrió el secreto de los Wang.
Andrés Pérez
Eran muchas las familias que habitado allí pero habían desaparecido o se habían marchado. Decían que a las cuatro menos cuarto de la madrugada había gritos muy extraños y desgarradores en el ala-sur de la mansión, y que veían sombras y siluetas de algunos de sus familiares ya fallecidos, en el jardín había lapidas de antiguos emperadores y descendientes de la familia Wang, pero ¡Las tumbas estaban abiertas!
La última familia que residió en la mansión Wang desapareció y nadie los ha vuelto a ver más.
Ahora va a ir a esa mansión la familia Yung-Zu, que no saben nada de todas las tragedias que han ocurrido en esa casa.
Cuando llegaron a la mansión limpiaron el polvo y tiraron los muebles carcomidos y las puertas con extrañas manchas rojas, que parecían de sangre, también tapiaron una trampilla secreta que daba al sótano para que no se cayera nadie abajo.
Era su decimoquinto día en la mansión Wang, habían oído algunos ruidos y habían visto sombras pero pensaron que serian las lechuzas y los lobos que residían por las grandes praderas de la mansión Wang, pero luego se dieron cuenta de que venían del sótano y el hijo pequeño bajo a ver… sólo se oyó un grito y después desapareció en las penumbras de aquel cuarto oscuro en el que solo se filtraba un hilillo de luz procedente de una estrecha ventana que había en el sótano.
Poco a poco todos los miembros de la familia fueron desapareciendo hasta que solo quedaron el hijo y el padre, que pidieron ayuda a la policía que también desapareció. Aquello era siniestro, el hijo y el padre vivían aterrados, se habían planteado muchas veces mudarse a otra casa, pero aun seguían viviendo allí.
El segundo mes bajaron al sótano con una horca y una escopeta, solo encontraron un gran cofre repleto de dinero y joyas, un pergamino y estatuas, muchas estatuas que eran las de sus familiares y los de las otras familias que habían descendido al sótano y se habían petrificado, el padre cogió el pergamino porque el no era avaricioso y el hijo leyó en voz alta lo que ponía: “Las estatuas son las personas avariciosas que intentaron robar el tesoro de la mansión Wang y se petrificaron, como vosotros dos no habéis sido avariciosos, se ha roto el maleficio…” ¡Boooom! Todas las estatuas se volvieron humanos, todos felicitaron a la familia Yung-Zu, y así se descubrió el secreto de los Wang.
Andrés Pérez
El último 31 de octubre
La noche era fría y húmeda pero en la pequeña sala los postigos estaban cerrados y el fuego ardía vivamente.
Yo presentía que aquel 31 de octubre de 1934 algo espantoso iba a ocurrir, sentado en la gran butaca de mi reducido salón meditaba, y, tras un profundo suspiro dejaba deslizar un trago de vino por mi garganta. Leyendo a la vez un libro titulado: “Nieves del infierno”.
Mi concentración era máxima, pero de vez en cuando me asaltaba la imagen de la muerte de mi compañero de trabajo.
Mientras trabajábamos en el laboratorio con nuestras composiciones químicas, le saltaron sobre el pecho unas gotas de ácido mortal, y a los dos segundos su cuerpo quedó reducido a los huesos.
A veces, el miedo me invadía, ya no me apetecía ir a trabajar, y de mi cabeza manaban miles de pensamientos locos y pésimos. Necesitaba tomar el aire. Salí y caminé por la senda de antiguas piedras que conducía al cementerio.
A mi derecha y a mi izquierda crecían cipreses que me llegaban hasta los hombros.
La espesa niebla, el cementerio que había a mi ardedor, y ver como mi casa se alejaba en la penumbra, hacían de aquella una situación normal para un hombre solitario, triste, y apagado como yo.
Seguía paseando cuando algo me llamó la atención. Era una lápida, y parecía antiquísima, estaba rota y se podía ver el moho y los hierbajos crecer sobre ella. En ésta ponía 4.X.1894 – 31.X.193. Luego estaba escrito ¡mi nombre! Me aterroricé. Noté que la sangre se helaba en mis venas, y como me ponía pálido. Acto seguido me desmayé.
Me desperté. Recuperé la conciencia, y vi una extraña figura. Enseguida supe que no era la de un hombre; era de una mujer, pero no una mujer cualquiera, era una bruja.
Sin prestarle la menor atención, ya que mi estado de inconsciencia no había desaparecido del todo, miré mi reloj. Eran las doce menos veinte. Casi se me salen los ojos de las órbitas, en teoría, faltaban veinte minutos para mi desaparición. ¿¡Qué iba a ser de mí!?
Escuché una voz; y se dirigía a mí, era aquella bruja, que me decía:
- Soy Jeyneka vengo a proponerte que te unas a nosotros, brujas y brujos del más allá. Si te niegas, morirás en veinte minutos y si afirmas, tendrás que vender tu alma al diablo, adorarle y vivir haciendo el mal.
¡NO! No estaba, dispuesto a hacer daño a la gente; ni a adorar a lo que más odiaba, y, sobre todo, me negaba rotundamente a vender mi valiosa alma a Belcebú, al demonio.
Pero, ¿Qué pasaba si n o lo hacía? Tenía que decidirme, y pronto. De momento acepté, esperaba tener una idea para escapar de aquello, y, además, no me apetecía morir, no.
¿Fin?
Yo presentía que aquel 31 de octubre de 1934 algo espantoso iba a ocurrir, sentado en la gran butaca de mi reducido salón meditaba, y, tras un profundo suspiro dejaba deslizar un trago de vino por mi garganta. Leyendo a la vez un libro titulado: “Nieves del infierno”.
Mi concentración era máxima, pero de vez en cuando me asaltaba la imagen de la muerte de mi compañero de trabajo.
Mientras trabajábamos en el laboratorio con nuestras composiciones químicas, le saltaron sobre el pecho unas gotas de ácido mortal, y a los dos segundos su cuerpo quedó reducido a los huesos.
A veces, el miedo me invadía, ya no me apetecía ir a trabajar, y de mi cabeza manaban miles de pensamientos locos y pésimos. Necesitaba tomar el aire. Salí y caminé por la senda de antiguas piedras que conducía al cementerio.
A mi derecha y a mi izquierda crecían cipreses que me llegaban hasta los hombros.
La espesa niebla, el cementerio que había a mi ardedor, y ver como mi casa se alejaba en la penumbra, hacían de aquella una situación normal para un hombre solitario, triste, y apagado como yo.
Seguía paseando cuando algo me llamó la atención. Era una lápida, y parecía antiquísima, estaba rota y se podía ver el moho y los hierbajos crecer sobre ella. En ésta ponía 4.X.1894 – 31.X.193. Luego estaba escrito ¡mi nombre! Me aterroricé. Noté que la sangre se helaba en mis venas, y como me ponía pálido. Acto seguido me desmayé.
Me desperté. Recuperé la conciencia, y vi una extraña figura. Enseguida supe que no era la de un hombre; era de una mujer, pero no una mujer cualquiera, era una bruja.
Sin prestarle la menor atención, ya que mi estado de inconsciencia no había desaparecido del todo, miré mi reloj. Eran las doce menos veinte. Casi se me salen los ojos de las órbitas, en teoría, faltaban veinte minutos para mi desaparición. ¿¡Qué iba a ser de mí!?
Escuché una voz; y se dirigía a mí, era aquella bruja, que me decía:
- Soy Jeyneka vengo a proponerte que te unas a nosotros, brujas y brujos del más allá. Si te niegas, morirás en veinte minutos y si afirmas, tendrás que vender tu alma al diablo, adorarle y vivir haciendo el mal.
¡NO! No estaba, dispuesto a hacer daño a la gente; ni a adorar a lo que más odiaba, y, sobre todo, me negaba rotundamente a vender mi valiosa alma a Belcebú, al demonio.
Pero, ¿Qué pasaba si n o lo hacía? Tenía que decidirme, y pronto. De momento acepté, esperaba tener una idea para escapar de aquello, y, además, no me apetecía morir, no.
¿Fin?
Rosa Carmen Bono Velilla. 1ºB.
AQUELLA MISTERIOSA CASA
Una rara quietud pesaba sobre aquel cementerio, que por la noche parecía un lugar diferente. Las puntas de los cipreses se movían por el viento. Era diciembre y hacía mucho frío. Estábamos allí por la muerte de mi tío. Nadie sabía por qué había muerto, solo encontraron su cuerpo en un arroyo en el bosque. A mí, con eso no me bastaba, quería descubrir por qué había muerto, o quién lo había asesinado.
Al día siguiente fui al arroyo a buscar pruebas, pero no encontré nada, y los científicos tampoco, porque su cuerpo estaba descompuesto. Un día después llegó a mí casa una carta, tenía escrita una dirección, y yo la seguí. Estaba en las afueras de la ciudad, después de varias horas pedaleando, llegué.
Entonces sentí un escalofrío, no sé por qué pero aquel lugar me sonaba de algo, saqué unas fotos y me fui a casa. Ya en la cama, y al no poder dormir, me puse a buscar fotos o alguna cosa de las que heredé de mi tío. Al día siguiente fui con una amiga, cuando llegamos, intentamos buscar una entrada, pero era imposible, todo estaba lleno de hierbas y escombros. Jane, mi amiga, encontró una puerta, pero estaba atrancada, encontramos una piedra grande y la golpeamos con ella, al final conseguimos abrirla.
Paseamos por los pasillos, desiertos y destrozados, de aquella misteriosa casa, desgraciadamente solo encontramos escombros y más escombros.
¿Por qué llegaría aquella carta a mi buzón? Más tarde se lo conté todo a mis padres y como era lógico, no me creyeron. Fui a casa de mí tía a comer, porque mis padres tenían trabajo. Mí tía no paró de llorar, le pregunté si sabía algo que pudiera ayudarme, se levantó y sacó de la estantería una foto de mí tío y otro hombre, en la casa a la que yo había ido antes.
Me contó cosas del amigo de mí tío, que había desaparecido. ¿A lo mejor fue aquel hombre, el que me envió la carta? yo no conocía muy bien a mí tío, pero sí lo suficiente para preocuparme. Mí tía nos llevó con el coche, a Jane y a mí, a la casa en ruinas. Le enseñamos la entrada y entramos, pero si los problemas eran pocos la puerta se cerró de golpe, haciendo un ruido espantoso.
¡Nos habíamos quedado atrapadas!, en el lugar en el que posible- mente habían asesinado a mí tío, estábamos aterradas.
Mí tía se desmayó, parecía que se me iba a salir el corazón del pecho. Jane era más valiente que yo, pero en esos momentos estaba muy asustada. Desesperadas, nos pusimos en busca de una salida, de repente un hombre nos agarró y dijo que le siguiéramos. Nos llevó a una habitación, cerró la puerta y la atrancó con una tabla. No sabíamos quién era ese hombre, pero cuando se dio la vuelta me di cuenta de que era el mismo que estaba en la foto con mí tío.
¿De qué nos protegía? Después nos dijo que no saliéramos de allí y le hicimos caso.
Al rato volvió y nos sacó de la casa a Jane y a mí y después volvió a por mí tía, que seguía inconsciente.
Delante de nosotros, la casa empezó a derrumbarse y nos llevó a un lugar seguro en el bosque.
Era de noche y no se veía, aquel señor hizo una hoguera. Nos explicó de lo que nos protegía y lo que había matado a mi tío, que era una especie de hombre lobo.
De repente un aullido rompió el silencio ¡Eran hombres lobo! En la oscuridad se veían sus ojos brillantes. El amigo de mi tío sacó dos pistolas con balas de plata, nos las dio y dijo que apuntáramos al pecho. ¡Casi nos alcanzan! Yo disparé, pero fallé, Jane le dio a uno y cayó al suelo.
Eran muy rápidos. El hombre llevaba a mi tía al hombro, después yo le di a uno que también cayó. Ya solo quedaba uno, pero cuando casi estábamos fuera del bosque, tropecé, el hombre se paró, me agarró de la mano y tiró de mí. Cuando salimos del bosque ya era de día y el hombre lobo se quemó al ver el sol y murió.
El hombre nos llevó a casa de mi tía.
Marina Beguer Centelles 1º-B
Al día siguiente fui al arroyo a buscar pruebas, pero no encontré nada, y los científicos tampoco, porque su cuerpo estaba descompuesto. Un día después llegó a mí casa una carta, tenía escrita una dirección, y yo la seguí. Estaba en las afueras de la ciudad, después de varias horas pedaleando, llegué.
Entonces sentí un escalofrío, no sé por qué pero aquel lugar me sonaba de algo, saqué unas fotos y me fui a casa. Ya en la cama, y al no poder dormir, me puse a buscar fotos o alguna cosa de las que heredé de mi tío. Al día siguiente fui con una amiga, cuando llegamos, intentamos buscar una entrada, pero era imposible, todo estaba lleno de hierbas y escombros. Jane, mi amiga, encontró una puerta, pero estaba atrancada, encontramos una piedra grande y la golpeamos con ella, al final conseguimos abrirla.
Paseamos por los pasillos, desiertos y destrozados, de aquella misteriosa casa, desgraciadamente solo encontramos escombros y más escombros.
¿Por qué llegaría aquella carta a mi buzón? Más tarde se lo conté todo a mis padres y como era lógico, no me creyeron. Fui a casa de mí tía a comer, porque mis padres tenían trabajo. Mí tía no paró de llorar, le pregunté si sabía algo que pudiera ayudarme, se levantó y sacó de la estantería una foto de mí tío y otro hombre, en la casa a la que yo había ido antes.
Me contó cosas del amigo de mí tío, que había desaparecido. ¿A lo mejor fue aquel hombre, el que me envió la carta? yo no conocía muy bien a mí tío, pero sí lo suficiente para preocuparme. Mí tía nos llevó con el coche, a Jane y a mí, a la casa en ruinas. Le enseñamos la entrada y entramos, pero si los problemas eran pocos la puerta se cerró de golpe, haciendo un ruido espantoso.
¡Nos habíamos quedado atrapadas!, en el lugar en el que posible- mente habían asesinado a mí tío, estábamos aterradas.
Mí tía se desmayó, parecía que se me iba a salir el corazón del pecho. Jane era más valiente que yo, pero en esos momentos estaba muy asustada. Desesperadas, nos pusimos en busca de una salida, de repente un hombre nos agarró y dijo que le siguiéramos. Nos llevó a una habitación, cerró la puerta y la atrancó con una tabla. No sabíamos quién era ese hombre, pero cuando se dio la vuelta me di cuenta de que era el mismo que estaba en la foto con mí tío.
¿De qué nos protegía? Después nos dijo que no saliéramos de allí y le hicimos caso.
Al rato volvió y nos sacó de la casa a Jane y a mí y después volvió a por mí tía, que seguía inconsciente.
Delante de nosotros, la casa empezó a derrumbarse y nos llevó a un lugar seguro en el bosque.
Era de noche y no se veía, aquel señor hizo una hoguera. Nos explicó de lo que nos protegía y lo que había matado a mi tío, que era una especie de hombre lobo.
De repente un aullido rompió el silencio ¡Eran hombres lobo! En la oscuridad se veían sus ojos brillantes. El amigo de mi tío sacó dos pistolas con balas de plata, nos las dio y dijo que apuntáramos al pecho. ¡Casi nos alcanzan! Yo disparé, pero fallé, Jane le dio a uno y cayó al suelo.
Eran muy rápidos. El hombre llevaba a mi tía al hombro, después yo le di a uno que también cayó. Ya solo quedaba uno, pero cuando casi estábamos fuera del bosque, tropecé, el hombre se paró, me agarró de la mano y tiró de mí. Cuando salimos del bosque ya era de día y el hombre lobo se quemó al ver el sol y murió.
El hombre nos llevó a casa de mi tía.
Marina Beguer Centelles 1º-B
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